Adviento I 2021



El tiempo ordinario y el tiempo de Adviento terminan y comienzan en una nota común.La Iglesia recoge las advertencias de Jesús sobre el final de los tiempos. El evangelio de San Lucas, que leemos este domingo, y los evangelios de San Marcos y San Mateo coinciden sustancialmente en los elementos de este discurso de Jesús sobre los tiempos finales. Todos hacen referencia a grandes señales de conmoción en la naturaleza y de violencia entre los pueblos, con acento en la persecución que tendrán que enfrentar los seguidores de Jesús.

El impacto esperado de todos estos anuncios debería ser el predominio del temor. Pero no es así. El caos que se predice tiene más bien connotaciones de un parto que se avecina. Al ver estas señales, los discípulos deben levantar la cabeza, señal de esperanza, porque se acerca su liberación.El reclamo que se repite una y otra vez en los tres evangelios es el de estar atentos, estar despiertos. Una actitud de vigilancia y de discernimiento. Resistir la tentación de escuchar los discursos atemorizadores de los falsos profetas.

La virtud propia de este tiempo de Adviento es la virtud de la esperanza. Una esperanza que no debe ser confundida con las expectativas que se construyen a partir de nuestros análisis de la realidad en que vivimos o de los cálculos que hacemos contrastando recursos contra desafíos. La esperanza del Adviento es una mirada penetrante, confiada, capaz de mirar lúcidamente la dureza de los tiempos de crisis, de persecución y de prueba sin quedar presos del desaliento y la parálisis.

Es una apuesta hecha desde la seguridad inmovible que produce la experiencia de la permanente fidelidad de Dios a su pueblo. Los cálculos de la desigualdad entre nuestras fuerzas y los desafíos que nos acosan por todas partes aconsejarían tirar la toalla y buscar embotar nuestras mentes con todo tipo de estupefacientes, incluso religiosos. La esperanza cristiana, que no es ingenua ni alienada, se atreve a reconocer las señales de lo nuevo de Dios en medio del caos y la muerte aparente de ilusiones y proyectos.

La gracia que se nos ofrece en este tiempo de preparación a la Navidad es la de permanecer despiertos, atentos, vigilantes. Una atención no tensa ni angustiada. Ni tampoco una espera de brazos cruzados. Se espera en el trabajo perseverante a favor de lo que espera por nacer.

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  Escrito por: Alberto García Sánchez, S.J.