Evangelio del Domingo

a quién iremos Señor
(Juan 6, 61-70)

Pocos momentos en la vida de Jesús están tan cargados de dramatismo como este que recoge el evangelio de hoy. El discurso del pan de la vida ha despertado en sus oyentes una mezcla de admiración, deseo y rechazo

La admiración y el deseo nacieron de una lectura superficial e interesada ante el milagro de la multiplicación de los panes. La propuesta de Jesús no se agota en la satisfacción del hambre de pan ordinario que sustenta la vida. El desafío de Jesús consiste en ir más allá del signo para acercarse a compartir la realidad a la que apunta el
milagro de los panes.
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Juan 6 51 58
(Juan 6, 51-58)

Pido prestada una reflexión sobre este evangelio de hoy al P. Javier Gafo, S.J. (+).

El P. Gafo, en sus comentarios bíblicos sobre las homilías del ciclo B, nos hace caer en la cuenta de la diferencia que hay entre un pensamiento “lineal” y un pensamiento “circular”, propio del estilo del evangelio de San Juan. En el pensamiento lineal, se van desarrollando ideas con poca o ninguna repetición de lo ya dicho. En el pensamiento circular, se vuelve una y otra vez sobre lo ya expresado, añadiendo en cada “vuelta” algún elemento nuevo.
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yo soy el pan de vida
(Juan 6, 41-51)

Había dicho Jesús, "Yo soy el pan bajado del cielo". Le critican sus enemigos, "¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre?" Si bajó del cielo, no puede ser tan conocido y familiar para nosotros. Si conocemos a su familia y lo hemos visto desde niño, ¿cómo puede decir que bajó del cielo?

Esta discusión con la que comienza el evangelio que escuchamos hoy refleja una tensión permanente en la experiencia cristiana y en el lenguaje sobre Jesús. Es la tensión propia de la Encarnación, ese misterio desafiante de nuestra fe. ¿Cómo puede Jesús ser a la vez tan humano y tan divino?
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